El hacker de Kelp DAO continúa moviendo con rapidez los fondos sustraídos en uno de los incidentes más relevantes del ecosistema DeFi reciente. Datos onchain revelan que el atacante ya ha lavado alrededor de $80 millones en Ethereum (ETH), principalmente utilizando el protocolo descentralizado THORChain, lo que ha disparado el volumen de actividad en dicha plataforma a niveles inusuales.
El caso, que involucra el drenaje de aproximadamente $292 millones desde Kelp DAO, vuelve a poner en el centro del debate el papel de los protocolos sin custodia en operaciones de alto riesgo, así como los límites reales de intervención en infraestructuras descentralizadas.
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El ataque a Kelp DAO —una plataforma impulsada por la tecnología de LayerZero— dejó inicialmente un rastro claro en la blockchain. Sin embargo, el comportamiento del atacante cambió de forma significativa después de una intervención clave.
El Consejo de Seguridad de Arbitrum logró congelar aproximadamente 30.766 ETH, limitando el acceso a una parte considerable de los activos robados. Esta acción, lejos de frenar completamente al atacante, habría actuado como catalizador.
Según el analista onchain EmberCN, el hacker respondió movilizando rápidamente el resto de los fondos disponibles. En total, el explotador había transferido previamente cerca de $175 millones en ETH fuera de la red Ethereum, lo que abrió la puerta a operaciones de lavado más sofisticadas.
El elemento más crítico en esta fase del ataque ha sido el uso intensivo de THORChain. De acuerdo con los datos analizados, la mayor parte del ETH sustraído fue convertido en Bitcoin (BTC) mediante swaps cross-chain dentro de este protocolo.
En cifras concretas, el hacker de Kelp DAO habría lavado alrededor de 34.500 ETH, equivalentes a unos $80 millones, utilizando principalmente esta infraestructura. Este tipo de conversión —de ETH a BTC— es una estrategia recurrente en actividades ilícitas dentro del ecosistema cripto, ya que permite diversificar y dificultar el rastreo de los fondos.
La consecuencia inmediata fue un incremento abrupto en la actividad de THORChain:
Este salto representa un crecimiento extraordinario que supera ampliamente los niveles normales del protocolo, reflejando el impacto directo de una sola entidad sobre la liquidez y uso de la plataforma.
La conversión de Ethereum a Bitcoin no es casual. BTC, al operar bajo una arquitectura distinta y con menor capacidad de programación compleja en comparación con Ethereum, ofrece ciertas ventajas desde la perspectiva del anonimato operativo.
Además, el uso de protocolos sin custodia como THORChain elimina intermediarios centralizados que podrían bloquear o congelar transacciones. Esto convierte a estas plataformas en herramientas atractivas para actores maliciosos.
Este patrón ya ha sido observado en incidentes anteriores, donde fondos robados en Ethereum terminan siendo convertidos y redistribuidos en Bitcoin para fragmentar el rastro financiero.
Las sospechas sobre la autoría del ataque apuntan hacia el Lazarus Group, una organización vinculada a Corea del Norte conocida por su historial de ataques a gran escala en el ecosistema cripto.
Este grupo ha sido relacionado previamente con el robo de más de $1,5 mil millones del exchange Bybit, donde también se emplearon técnicas similares de lavado mediante conversiones entre cadenas.
La posible conexión refuerza la hipótesis de que el ataque a Kelp DAO no fue un evento aislado, sino parte de una estrategia más amplia y sofisticada de extracción y lavado de capitales dentro del ecosistema blockchain.
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El aumento en el uso de THORChain para actividades ilícitas ha reavivado críticas sobre su modelo operativo. A diferencia de plataformas centralizadas, este protocolo mantiene una postura clara: no intervenir.
En una comunicación reciente, THORChain reafirmó su filosofía:
“Fue diseñado siguiendo el modelo de Bitcoin para ser sin permisos y resistente a la censura. No hay una entidad única en control, ni claves administrativas.”
Este enfoque implica que:
Desde una perspectiva técnica, esto garantiza neutralidad. Sin embargo, desde el punto de vista regulatorio y de seguridad, abre interrogantes sobre la capacidad del ecosistema para mitigar abusos.
El caso del hacker de Kelp DAO no solo representa una pérdida millonaria, sino que también expone vulnerabilidades estructurales en el ecosistema DeFi:
El elemento más revelador de este incidente es la combinación de tres factores clave:
Esta combinación permitió que, en cuestión de horas, se movieran decenas de millones de dólares sin intervención efectiva.
El caso del hacker de Kelp DAO marca un punto de inflexión en la conversación sobre seguridad en DeFi. A medida que los protocolos evolucionan hacia modelos más descentralizados, la capacidad de respuesta ante incidentes se vuelve más limitada.
Esto plantea un dilema fundamental:
En este contexto, el equilibrio entre libertad y seguridad sigue siendo uno de los mayores desafíos del ecosistema cripto.
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El lavado de $80 millones en ETH por parte del hacker de Kelp DAO, canalizado principalmente a través de THORChain, no es solo un episodio aislado, sino una señal clara de cómo los actores maliciosos están evolucionando junto con la infraestructura blockchain.
La sofisticación operativa, sumada a la falta de puntos de control centralizados, redefine las reglas del juego en términos de seguridad y supervisión. Mientras tanto, protocolos como THORChain continúan operando bajo principios inmutables, incluso cuando su uso genera controversia.
La pregunta ya no es si estos eventos seguirán ocurriendo, sino qué tan preparado está el ecosistema para responder cuando sucedan nuevamente.
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