En un giro estratégico sin precedentes, Bolivia ha firmado un acuerdo de cooperación cripto con El Salvador, abriendo la puerta a una nueva era en su política financiera. Este acuerdo no solo simboliza un acercamiento técnico entre dos naciones latinoamericanas, sino también el intento de Bolivia por reconstruir su economía debilitada a través de la tecnología blockchain.
Mientras el país enfrenta una de las crisis económicas más graves de su historia, con reservas internacionales en mínimos históricos y escasez de divisas, el gobierno boliviano ha decidido explorar alternativas audaces. La más destacada de ellas: la adopción y promoción de las criptomonedas como herramienta de inclusión, innovación y estabilidad monetaria.

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Durante años, Bolivia mantuvo una postura firme contra las criptomonedas. Desde 2014, el Banco Central de Bolivia prohibía el uso de cualquier moneda que no estuviera emitida por una autoridad monetaria reconocida, argumentando riesgos de lavado de dinero, evasión fiscal y falta de control.
Sin embargo, esa política comenzó a erosionarse en 2024, cuando el gobierno derogó oficialmente la prohibición. En tan solo un año, el país pasó de la censura al entusiasmo, sellando en julio de 2025 un memorando de entendimiento con El Salvador, pionero en la adopción de Bitcoin como moneda de curso legal.
Este acuerdo contempla:
El acuerdo fue firmado entre los bancos centrales de ambos países y se interpreta como una declaración de intenciones por parte del gobierno boliviano: las criptomonedas ya no son una amenaza, sino una oportunidad nacional.
El Salvador ha sido observado con lupa desde que adoptó Bitcoin como moneda oficial en 2021. Aunque su experimento ha tenido resultados mixtos, muchos expertos coinciden en que su iniciativa ha servido para impulsar infraestructura digital, inclusión financiera y turismo tecnológico.
Bolivia parece estar tomando nota. El memorando firmado busca replicar parte de esa estrategia, pero con un enfoque adaptado a la realidad local: no se trata aún de legalizar Bitcoin como moneda de curso legal, sino de integrarlo como mecanismo alternativo de pago y reserva de valor, sobre todo en sectores energéticos y comerciales.
El Salvador brindará asistencia técnica en áreas como:
El cambio de normativa en junio de 2024 fue el punto de inflexión. Solo tres meses después, Bolivia registró un volumen de comercio cripto de $46,8 millones, duplicando el promedio mensual de los 18 meses anteriores. Para junio de 2025, el volumen acumulado ya alcanzaba los $294 millones, según datos del Banco Central.
Este crecimiento no solo refleja mayor especulación, sino un cambio de comportamiento económico profundo entre los bolivianos:
La acelerada adopción de criptomonedas no puede entenderse sin considerar el contexto económico devastador de Bolivia.
Las reservas en divisas del país se han desplomado de $12.700 millones en 2014 a apenas $165 millones en abril de 2025, según Trading Economics. Esta caída ha generado una escasez generalizada de dólares y un mercado paralelo donde el precio de la moneda estadounidense se dispara, afectando la importación de productos básicos.
En respuesta, el gobierno autorizó a la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) a aceptar pagos en criptomonedas —principalmente Bitcoin y USDT— para la compra de combustible en el extranjero. Esta medida ha sido considerada revolucionaria, convirtiendo a Bolivia en uno de los primeros países de la región en utilizar cripto directamente en el comercio internacional.
Frente a la devaluación del boliviano y la falta de dólares, cientos de comerciantes han empezado a cotizar productos en Tether (USDT), la stablecoin más popular. Desde electrodomésticos hasta alimentos importados, el dólar digital se ha convertido en la nueva referencia de valor para una economía informal que ya no confía en la moneda local.
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Uno de los objetivos centrales del acuerdo con El Salvador es reducir la exclusión financiera en Bolivia, un país donde más del 50% de la población adulta no tiene acceso formal a productos bancarios.
Con una geografía difícil, alta informalidad laboral y un sistema bancario concentrado en áreas urbanas, las criptomonedas ofrecen una vía directa para brindar servicios financieros básicos:
En ese sentido, Bitcoin y stablecoins no son solo herramientas de inversión, sino instrumentos de empoderamiento social y económico para millones de bolivianos.
El futuro de este ambicioso viraje hacia las criptomonedas podría definirse el 17 de agosto de 2025, fecha en la que Bolivia celebrará elecciones generales.
Muchos analistas interpretan estos comicios como un referéndum sobre la permanencia del modelo socialista que ha gobernado Bolivia durante casi dos décadas. Si bien el actual gobierno ha promovido la integración cripto como estrategia de supervivencia, algunos candidatos de oposición critican la medida como improvisada y sin garantías de estabilidad.
La plataforma de predicciones descentralizadas Polymarket otorga apenas un 5% de probabilidades a una victoria en primera vuelta, lo que haría inevitable una segunda ronda electoral el 19 de octubre.
El desenlace electoral determinará el destino de múltiples políticas, incluyendo la orientación del país hacia el ecosistema cripto.
Bolivia se encuentra en una encrucijada. El acuerdo con El Salvador ha puesto al país en el mapa global del ecosistema blockchain, pero su futuro dependerá de varios factores:
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La firma del acuerdo con El Salvador marca un antes y un después en la historia económica de Bolivia. Lo que comenzó como una reacción desesperada ante la crisis, hoy se perfila como una posible solución estructural de largo plazo.
Si logra combinar voluntad política, educación ciudadana y apoyo internacional, Bolivia podría convertirse en un referente regional en adopción cripto. De lo contrario, este experimento podría sumarse a una larga lista de iniciativas que no lograron consolidarse.
El mundo observa con atención. En medio de crisis, elecciones y volatilidad, Bolivia ha decidido apostar por el futuro digital.
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